La Misión de Dios: La Misión llevada a la Práctica (Parte 2)

La misión llevada a la práctica: Proclamación, Afirmación y Demostración

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 Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo:―Reciban el Espíritu Santo.” (Juan 20:22-24)

En esta segunda parte de nuestra serie responderemos a dos preguntas: ¿Cómo hacemos misión? ¿Qué es la misión? Estas dos preguntas van relacionadas.

Rodney Stark, un sociólogo e historiador pregunta sobre el crecimiento exponencial del Cristianismo en los primeros siglos de su existencia: “¿Cómo se hizo? ¿Cómo fue que un pequeño y desconocido movimiento mesiánico a los márgenes del Imperio Romano haya superado y reemplazado el paganismo clásico y llegado a ser la fe predominante en la civilización occidental?” [1] Después el autor explica que parte de lo asombroso de este movimiento es que en sus inicios principalmente se compuso de “los desposeídos”[2] de esa sociedad. Como sociólogo agnóstico describió los factores misionales de este nuevo movimiento solo desde un punto de vista humano[3]: “El éxito de la misión se habría gestado únicamente por la demostración del evangelio en acción social hacia estos "desposeídos" algo que, como mencionaremos más adelante, es importante dentro de nuestra labor. Pero sus herramientas de sociología no pueden explicar un crecimiento que solo se puede entender surgió del poder del Espíritu. La Iglesia creció y se expandió en y por el poder del Espíritu. Podemos resumir entonces que: La misión es la acción de Dios, en el poder de su Espíritu, a través de su cuerpo, la Iglesia, de extender el reino de Jesús hacia un mundo alejado de Él.

La inauguración del ministerio de Jesús comienza con su bautismo y el descenso de la paloma simbolizando el empoderamiento del Espíritu Santo para su misión. El enfatizó esta realidad en su primer sermón después de su bautismo, declarando que todo lo que el hace, lo hace en el poder del Espíritu, tal como lo anunció el profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad…” (Lucas 4:18, NVI)

 

De igual manera nuestro llamado e envío para la misión comienza el día de nuestro bautismo y el poder para cumplir esta misión se nos da en el Espíritu Santo. Jesús al soplar sobre sus discípulos después de comisionarlos para la misión, les anticipaba la venida del Espíritu Santo en Pentecostés; la cual tendrían que esperar antes de llevarla a cabo (Hechos 1:8). Podríamos decir, estudiando el libro de Hechos que, después de la ascensión de Cristo, el principal misionero es el Espíritu Santo. La Iglesia tiene el privilegio de participar en misión pero solo en tanto colabore con lo que el Espíritu está haciendo y se someta a su dirección.

 

Habiendo establecido que la misión se hace bajo la guía del Espíritu Santo, podemos enfocarnos en el "Qué" de la misión. Si regresamos al pasaje de Juan podemos ver que la misión de Jesús es el modelo para la misión de la iglesia, al decir: “Como el Padre me envió a mí yo los envío a ustedes…” (Juan 20:21) Estudiando la misión de la iglesia en Hechos vemos que es una continuación o un eco de la misión de Jesús en los evangelios. Estudiando la misión de Jesús, podemos decir que su misión y por lo tanto la misión en la cual participamos, tiene tres componentes centrales: la proclamación del evangelio (entendido como las buenas nuevas salvadoras centrada en la muerte y resurrección de Jesús y la inauguración de su reino), la afirmación del evangelio con señales y milagros, y la demostración del evangelio con hechos de amor y buenas obras, especialmente hacia los pobres.

 

Para poder entender en qué consiste la misión del pueblo de Dios, el Pacto de Lausana[4] parte explicando los efectos devastadores de la caída en las diferentes dimensiones de la persona humana. Es esta realidad (junto con sus efectos en la creación y el mundo en general) ante la cual el evangelio bíblico representa buenas noticias.

 

Jesús proclamaba

Jesús predicaba: “Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!” (Marcos 1:5). Por cierto el mensaje en nuestra misión tiene una importancia fundamental. Este mensaje se resume en una palabra: Jesús. Hablamos de Jesús. Proclamamos a Jesús como rey y anunciamos la venida de su reino. Creemos que: “En ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Esta tarea esencial de proclamar el evangelio y la historia de redención es algo continuo y constante dentro de nuestras iglesias y fuera con los que todavía con conocen a Cristo.    

Aunque mucho del ministerio de Jesús se centraba en predicar y en enseñar, esto no era todo lo que hacía.

El Espíritu afirmaba

El Espíritu Santo afirmaba la veracidad de la identidad de Jesús como Rey y la realidad de la llegada del reino que el predicaba con señales y milagros poderosos. “Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia.” (Mateo 9:35). La enseñanza y los milagros aparecen juntos tantas veces en los evangelios. Aproximadamente 30% del Evangelio de Marcos habla del ministerio de sanidad de Jesús[5]. Durante su ministerio, Jesús envió a sus discípulos en misión pidiéndoles que predicaran y sanaran. “Por dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: el Reino de los cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermada a los que tienen lepra, expulsen a los demonios (Mt. 10:7-8) Los milagros, la sanidad y otras señales del Espíritu Santo tenían la función de acompañar el mensaje predicado con la presencia poderosa de Dios y su reino, y asi llevar las miradas al Rey que venía y a su reino. Esto es evidenciado por Juan cuando al final de su evangelio nos dice: “Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.” (Juan 20:30-31). 

Si bien, la iglesia en si no tiene la responsabilidad (o habilidad en si misma) de comprobar el mensaje de Jesús, sí es necesario que esta se esfuerce en practicar una postura de apertura hacia los milagros y el poder del Espíritu Santo. Tanto los evangelios como el libro de Hechos nos animam a ser una iglesia que depende en oración de un Dios soberano que hace milagros por medio de su pueblo muchas veces débil y perseguido (Hechos 4:24-31). Por ejemplo: no prometemos a nadie sanidad y muchas veces Dios en su soberanía no sana en respuesta a nuestras oraciones, pero sí nos toca, al participar en la misión de Dios, orar por sanidad y otros tipos de milagros y muestras del poder de Dios.

Jesús demostraba

Por último, tal como Jesús, la iglesia está llamada a demostrar el evangelio amando al prójimo de manera visible, especialmente a los más necesitados (Santiago 1:27). Jesús andaba siempre con los que el mundo rechazaba o marginaba: prostitutas, cobradores de impuestos, leprosos, viudas, mujeres, niños. El es el buen samaritano recogiendo de la calle a los golpeados, los enfermos, los necesitados. La Iglesia primitiva en el Nuevo Testamento siguió también este ejemplo. Los primeros conflictos en la iglesia trataban de resolver situaciones en donde la iglesia no estaba cumpliendo bien el cuidado hacia los pobres (Hechos 5:1-11, 6:1-7).

“Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44-45). De esta manera no había necesidad en la comunidad. Y continua: “Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4:34-35)

Es por eso que podemos decir que la misión de Dios consiste en vivir la realidad del evangelio que uno predica. El cuidado hacia los más necesitados demuestra al mundo la realidad del evangelio del amor de Dios. El evangelio es una realidad íntegra que transforma la vida entera, cambiando y reenfocando nuestra cosmovisión hacia nuestro prójimo. La misión de Dios une el mandamiento mayor de amar a Dios con todo el corazón y el de amar al prójimo como a nosotros mismo (Lucas 10:27). 

En resumen, “el propósito del cuerpo de Cristo es establecer que Jesucristo está presente en el mundo en forma real, tangible, visible y efectiva. La gente que no conoce a Jesús ha de conocerle en la presencia, la proclamación y los hechos persuasivos de la Iglesia”[6].

En nuestra tercera y ultima parte de esta serie de blogs hablaremos de algunas conclusiones practicas de cómo hacer y vivir misión.

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Jonathan Kindberg es co-director de Caminemos Juntos y pastor de Iglesia Piedra Principal en La Villita, un barrio mexicano en Chicago, EEUU.

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[1] Stark, R. (1996): The Rise of Christianity: How the Obscure, Marginal Jesus Movement became the Dominant Religious Force in the Western World in a Few Centuries. [El surgimiento del Cristianismo: Como el desconocido movimiento marginal de Jesús se convirtió en la fuerza religiosa dominante del mundo occidental en unos cuantos siglos] (p. 3). Princeton: Princeton University Press.

[2] Stark, R. (1996) (p. 29)

[3]  Lehmann, D. (2010) Rational Choice and the Sociology of Religion. En Turner, B.S. (Ed.), The New Blackwell Companion to the Sociology of Religion. (pp. 181–200). New Jersey:Wiley-Blackwell.

[4] Lausanne Movement. (2011) El Compromiso de Ciudad del Cabo , Movimiento de Lausana. Recuperado de: https://www.lausanne.org/es/contenido/compromiso-de-ciudad-del-cabo/compromiso#p1-8

[5] New Testament Healing by Peter Ostrander. P. 16 tomado de: https://books.google.com/books?id=icfijDc8Al4C&pg=PA16&lpg=PA16&dq=percent+of+the+gospels+healing&source=bl&ots=9dgLIZ11fK&sig=tJ6nljSf-Ralwzi00LOR3QTb7WU&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwiI2dyKpuLYAhVE61MKHf-CAm44ChDoAQgoMAA#v=onepage&q=percent%20of%20the%20gospels%20healing&f=false

[6] “El Pueblo Misionero de Dios” Carlos Van Engen. pág. 59