Imitando la Encarnación: 5 Pasos Hacia un Estilo de Vida Misional

En la Navidad celebramos al que dejó su contexto, su comunidad y sus privilegios para venir, descender e insertarse completamente en nuestro mundo encarnando la buena noticia del evangelio. En otras palabras, celebramos la venida del mejor misionero de la historia. Jesús dijo: “Como el Padre me envió a mi así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21, NTV) animándonos a imitar su modelo de misión. Para nosotros que deseamos traer este evangelio al mundo que nos rodea estudiar la encarnación de Jesús nos revela tanto la meta como la manera, el camino y como caminarla, de la misión.

En la iglesia tristemente todavía predomina una mentalidad de que las “misiones” son algo que se hacen “allá” en otro país y se limitan a misioneros pagados o pastores profesionales. Muchas veces lo que nos toca a los que estamos “acá” se limita a invitar a otras personas a nuestra iglesia. Si no vienen, bueno, cumplimos con nuestro deber. ¿Pero que tal si la misión de Dios es mucho más extensa abarcando tanto el “acá” como el “allá” e involucrando a todo Cristiano?

La encarnación nos muestra tanto la meta como la manera de misión: ir e insertarnos en la realidad y contexto de los que no conocen a Cristo, sea una cultura primitiva en las junglas de Tailandia o la de un vecino que es ateo viviendo en una de las grandes urbes de Latinoamérica. La encarnación también nos recuerda que la misión de Dios (en latín el Missio Dei)  es para todo Cristiano. La misión que Cristo vivió continúa a través de nosotros que somos los “embajadores de Cristo” en el poder del Espíritu Santo.

En lo siguiente describiremos 5 pasos que todo Cristiano puede tomar para vivir una vida más misional en imitación al gran misionero Cristo y su método misio-encarnacional.

1)   Conoce tu Comunidad

La encarnación da importancia no solo al ¿quién? de misión sino también al ¿dónde?. Jesús nació en un lugar específico: un pesebre en Belén en la antigua Palestina. La salvación tuvo y tiene una geografía, un contexto. En el mundo móvil, moderno e digital tendemos a olvidarnos de la importancia de geografía y lugar. A veces vivimos en un lugar, trabajamos en otro, y nos reunimos como iglesia en otro. Mucha de nuestra comunicación se hace por internet. Esto puede hacernos ciegos a las muchas oportunidades misionales a nuestro alrededor.

Misión comienza con el ir a dónde ya estás. Implica concientizarnos a la importancia del lugar en donde vives, trabajas, vas de compras y empezar a verlo como tu campo misionero. Esto significa una alta intencionalidad con lugar y geografía. Misioneros a otros países escogen con alta intencionalidad donde van a vivir, quienes van a ser sus vecinos, porque saben que todo esto tiene gran impacto en su labor misional. Debe ser lo mismo para todo Cristiano. La comuna o colonia donde vives es tu campo misionero.  ¿Conoces a tus vecinos? ¿Conoces los problemas y desafíos de tu comuna o colonia? Te involucras sabiamente en los asuntos locales? ¿Oras por tu comunidad? ¿Asistes a una iglesia en tu comunidad? Estos son diferentes maneras para empezara vivir misionalmente en el lugar dónde el Señor ya te ha puesto.  

2)   Come con no Cristianos

“El Hijo del Hombre, por su parte, festeja y bebe, y ustedes dicen: “¡Es un glotón y un borracho y es amigo de cobradores de impuestos y de otros pecadores!” (Mateo 11:19, NTV).

En la encarnación Cristo, el verbo, entró al mundo material, literalmente tomó carne. Se hizo un bebé con cuerpo humano que comió, creció, se cansó, etc. Esto da gran dignidad al mundo material en la cual vivimos: a cuerpos, comidas y casas. Comida en particular toma un carácter especial en la vida de Jesús. Al crecer Jesús pasó tanto tiempo comiendo con paganos que le llamaban un glotón y borracho (Por ejemplo, Marcos 2:15, Lucas 11:37-54; 19:1-10; 24:30, Mateo 9:10-11, Juan 21:12). Una de las maneras más simples de comenzar un estilo de vida misional es de empezar a comer regularmente con no Cristianos. Puedes hacer el habito, 

por ejemplo, de comer una vez a la semana con un no Cristiano como individuo o como familia. Al hacerlo como familia puedes involucrar a toda tu familia en la misión. Idealmente esto podría ser un tu casa (tomando en cuenta el primer paso) pero también podría ser en un lugar publico.

Alrededor de una mesa naturalmente surgen conversaciones espirituales y oportunidades para compartir acerca de Jesús. Al invitar alguien a tu casa, la vida de tu familia en si puede ser un testimonio fuerte del amor transformador de Cristo. Nuestras comidas, tanto las especiales de Santa Cena/Comunión y las “comunes y corrientes” en restaurantes y hogares se vuelven símbolos que apuntan, una realidad que participa en la futura realidad del gran banquete de Apocalipsis 19 en la cual Jesús es el anfitrión y nosotros los huéspedes.

3)   Celebra con los marginados

La primera navidad fue una celebración del nacimiento de un nuevo rey y los primero invitados a la fiesta fueron humildes pastores. Jesús años después explica como organizar una buena celebración de esta manera:

«Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete —le dijo—, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa. Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego.” (Lucas 14:12-13, NTV)

Muchas personas que quizás no se sentirían cómodos visitando tu iglesia vendrían de todos modos a una fiesta u otro tipo de celebración. Celebrar es algo tan humano y es otra manera de vivir intencionalmente una vida misional. Bodas, graduaciones, cumpleaños, aniversarios, asados se convierten, al hacerlos intencionalmente con Cristo en el centro y en compañía de personas marginadas que normalmente no invitarías, en oportunidades misionales. Son una manera muy tangible de ser “sal y luz” en un mundo oscuro.  

Invita a tus celebraciones al cojo que vende rosas en el semáforo todos los días, al compañero de trabajo que te cae mal, a tus vecinos no Cristianos y trátalos con amor. Verás la sorpresa que les darás y las oportunidades que surgirán para compartir de Cristo, el que nos invita a nosotros a entrar en una relación con El.

4)   Practica la hospitalidad hacia el inmigrante

En navidad recordamos que José y María (una mujer embarazada) emprendieron a pie un viaje de más o menos 160 kilómetros a pie (desde Nazaret a Belén) y al llegar no encontraron donde alojarse. Luego tuvieron que huir a Egipto para evitar violencia política de Herodes. Esta misma realidad se ve día tras día en las noticias en imágenes de millones de niños, niñas, mujeres y hombres huyendo de guerras, hambre e inestabilidad política. Nuestras ciudades están recibiendo personas de todo el mundo que vienen en busca de nada más que un lugar donde alojarse y vivir en paz. Esto representa una gran oportunidad misional para la iglesia y para todo Cristiano.

Desde los tiempos de Israel el pueblo de Dios ha sido llamado a “dar bienvenida al extranjero” recordando nuestra propia identidad como “pueblo peregrino.” Tristemente el miedo a lo diferente muchas veces evita que cumplamos esta responsabilidad y privilegio. Misiólogos estiman que después de los niños, el grupo más abierto al evangelio son los inmigrantes. Hemos sido llamado a ir al mundo, pero como en el día de Pentecostés, el mundo ya ha llegado a nuestras puertas. No desperdiciemos esta gran oportunidad!

Vemos muchos ejemplos de Cristianos aprovechando esta oportunidad misional: en Argentina iglesias anglicanas están recibiendo a familias refugiadas Sirias. En Estados Unidos iglesias anglicanas con foco evangelístico en las universidades practican la hospitalidad con estudiantes internacionales durante los tiempos feriados de Navidad y thanksgiving cuando muchos de estos estudiantes no puedes regresar a sus países de origen. La Iglesia Anglicana de Brasil tiene una larga historia de acogimiento hacia inmigrantes de origen japonés comenzando en los años resultando en la plantación de muchas iglesias japonesas en Brasil. 

Venezolanos cruzando la frontera 

Venezolanos cruzando la frontera 

Las oportunidades y desafíos misionales para la iglesia de hoy son muchos: Venezolanos en Panamá, Haitianos en Chile, Sirios en Alemania, niños Hondureños en Estados Unidos. Recordemos que sino, un día Cristo nos dirá “Fui extranjero, y no me invitaron a su hogar” (Mateo 25: 43, NTV).

5)   Ora por y lee la Biblia con no Cristianos

Quizás el paso más básico e importante hacia una vida misional es la oración regular y ferviente por los que conocemos que no conocen a Cristo. Al orar, nuestros corazones son cambiados y recibimos del Señor su pasión por los que están alejados de El. Al decir “que se haga tu voluntad” nuestros corazones empiezan a desear que se haga su voluntad aún más, tanto aquí, en nuestras comunidades y naciones como allá, hasta los confines de la tierra. ¿Cuan a menudo oras por tus amigos, familiares, vecinos, y compañeros de trabajo? ¿Es parte de tu vida devocional regular? Si no, porque no tomas unos minutos ahora mismo para orar. Pídele al Señor que ponga en tu mente y corazón las personas por las cuales el te está llamando a orar diariamente para que lo conozcan. 

Al orar y al ser intencional te sorprenderás al ver cuantas oportunidades tienes para compartir el evangelio por palabra y por acción y al ver cuantas personas tienen una gran hambre espiritual. “¿Pero entonces que hacer con estas personas? ¿Los invitamos a la iglesia?” Sí, pero una vida misional implica también acompañar a otros en el proceso de evangelismo y discipulado y no simplemente delegar esto al resto de la iglesia o a un programa para nuevos. Para muchos un siguiente paso importante es simplemente de invitar al con quién has desarrollado una relación de confianza a comenzar a leer contigo la Biblia. Recomendamos el comenzar con un libro simple como el evangelio de Marcos. Aunque otros libros, programas y estudios pueden ser de ayuda, a fin de cuentas el único que puede hacer un discípulo es otro discípulo y la Biblia en si es el mejor manual de discipulado. Puedes leerla en tu casa, en la casa de tu amigo, en un café o donde sea, ayudando a que la persona tenga un encuentro personal con la Palabra hecho carne, Jesús. No hay nada mejor que leer la Biblia con otra persona que lo está leyendo por primera vez y escuchar palabras conocidas de una manera fresca y impactante. No hay mayor privilegio para el discípulo misional. 

 

En la Navidad celebramos la misión de rescate de Dios hacia nosotros. Celebramos a Jesús quien se identificó de tal manera con nosotros que se hizo hombre y siendo hombre murió sobre una cruz y resucitó para salvarnos. Y no hay mejor manera que celebrar la encarnación que imitar y continuar la misión que Cristo comenzó.